Estuve allí. Atravesé las puertas de vaivén, tomé asiento en las butacas «como de cone» junto al enorme cristal de la cabina de control, me eché en el piso de parquet del estudio, me calcé los auriculares, vi y escuché a dos pasos al Darno cantar casi todo lo que cantó y vi y oí al Gale tocar casi todo lo que tocó… Sucedió hace más de 40 años. Mucho (demasiado) tiempo. Me he alejado de la casa paterna. Se fueron abuelos, padres, tíos, primos. Se fueron el Darno y el Gale. Y en mí, las sesiones del Sansueña en el entonces recién inaugurado estudio de Sondor, permanecen con todos los detalles que la memoria se permite rescatar… En tanto periodista musical, este libro tiene análisis. Dada mi condición de fan del Darno y el Gale, este libro tiene devoción… Ojalá mi intento de viajar hacia Sansueña en la segunda clase del bamboleante tren de la memoria resulte válido. Ojalá sea veraz retrato y logrado homenaje de unos de los más luminosos trabajos musicales que dado nuestro país.