En Pueblo Sepultura el viento no solo levanta el polvo. El rumor de las voces anda detrás del oído de quien quiera, o pueda, escuchar. Así lo dice el narrador en sus divagaciones, tratando de encontrar el punto en el que algo empezó a ir mal, a secarse, a llenarse de interferencia. Una novela dialógica que transita por el territorio de la memoria, ese espacio neblinoso repleto de revelaciones, quebraduras y reverberaciones de una única voz, acaso la propia, que llega a confundirlo todo.